Brickell News
Lifestyle Estilo de Vida Thursday, October 8, 2026 jueves, 8 de octubre de 2026

Jonathan, the 194-Year-Old Tortoise That Could Hold the Secret to Human Longevity Jonathan, la tortuga de 194 años que podría tener la clave de la longevidad humana

Sebastian Acosta
Jonathan, the 194-Year-Old Tortoise That Could Hold the Secret to Human Longevity

Scientists studying the DNA of the world's oldest known living land animal have discovered genetic characteristics that could help explain how to slow aging and prevent age-related diseases.

Jonathan, a giant Aldabra tortoise estimated to be around 194 years old, may hold some of the secrets to human longevity in his genes. Recognized as the world's oldest documented living land animal, this extraordinary tortoise has captured scientists' attention thanks to his remarkable ability to survive for nearly two centuries.

Jonathan lives on the remote island of Saint Helena in the South Atlantic Ocean, where he arrived in 1882 as an adult. He currently resides on the grounds of Plantation House, the governor's official residence, where he has become a local symbol.

Although Aldabra giant tortoises commonly live for more than 100 years, Jonathan has far exceeded that lifespan. To understand why, researchers analyzed his genome and epigenome, the chemical markers that regulate which genes are switched on or off.

The findings, published in the scientific journal Science Advances, revealed genetic characteristics associated with DNA repair, mitochondrial function, insulin regulation, and telomere protection. Telomeres are protective structures at the ends of chromosomes that play an important role in cellular aging.

A Body That Maintains Youthful Characteristics

One of the study's most surprising discoveries was that certain regions of Jonathan's DNA retain patterns of genetic regulation similar to those found in much younger tortoises.

Scientists compared his epigenome with those of four other Aldabra tortoises of different ages. They found that, in specific regions associated with longevity, Jonathan showed lower levels of epigenetic disorder than nearly all the animals studied, except for a five-year-old tortoise.

This suggests that some of his cellular mechanisms may have remained relatively youthful despite his advanced age.

Researchers also identified 287 genes with variants unique to Jonathan, including several involved in DNA repair and tumor suppression. Additionally, they discovered extra copies of a gene associated with a protein that targets aging and cancerous cells.

These biological mechanisms could help explain his extraordinary resistance to aging.

Could Jonathan Help Humans Live Longer?

Although the findings are promising, scientists still need to determine how much these genetic characteristics directly contribute to Jonathan's exceptional lifespan.

The research opens new possibilities for understanding the biological processes that allow certain animals to live extraordinarily long lives.

Learning how these mechanisms work could eventually help scientists develop strategies to fight age-related diseases, improve health in older adults, and potentially extend healthy human lifespans.

However, researchers have not yet demonstrated that these same mechanisms can be reproduced in humans or that they could significantly increase human life expectancy.

A Gentle Giant Who Has Witnessed Nearly Two Centuries of History

Beyond his scientific importance, Jonathan is also known for his personality.

According to his longtime veterinarian and study co-author Joe Hollins, Jonathan was quite mischievous in his younger years. He reportedly enjoyed knocking over chairs and lying on croquet balls.

Over time, cataracts have left him almost completely blind, but he continues to receive dedicated care at his home on Saint Helena. Hollins now describes him as a "gentle giant."

As scientists continue investigating the secrets hidden in his DNA, Jonathan remains an extraordinary example of longevity in the animal kingdom.

His remarkable life could provide valuable clues to one of modern medicine's greatest challenges: understanding why we age and discovering how humans might live longer, healthier lives.


Un equipo de científicos ha estudiado el ADN de la tortuga terrestre más longeva del mundo y ha descubierto características genéticas que podrían ayudar a comprender cómo retrasar el envejecimiento y prevenir enfermedades asociadas a la edad.

Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra que tiene aproximadamente 194 años, podría guardar en sus genes algunas de las claves para entender la longevidad humana. Considerado el animal terrestre vivo más viejo del mundo cuya edad está documentada, este extraordinario ejemplar ha despertado el interés de la comunidad científica por su capacidad para mantenerse con vida durante casi dos siglos.

La tortuga vive en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, adonde llegó en 1882 cuando ya era adulta. Actualmente reside en los jardines de Plantation House, la residencia del gobernador de la isla, donde se ha convertido en todo un símbolo.

Aunque las tortugas gigantes de Aldabra suelen superar los 100 años de vida, Jonathan ha conseguido llegar mucho más lejos. Para averiguar cómo lo ha logrado, un grupo de investigadores ha analizado su genoma y su epigenoma, es decir, los mecanismos químicos que regulan la actividad de los genes.

Los resultados del estudio, publicado en la revista científica Science Advances, revelan que Jonathan presenta particularidades genéticas relacionadas con la reparación del ADN, el funcionamiento de las mitocondrias, la regulación de la insulina y la protección de los telómeros, estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que desempeñan un papel importante en el envejecimiento celular.

Un organismo que conserva características juveniles

Uno de los descubrimientos más sorprendentes es que determinadas regiones del ADN de Jonathan mantienen patrones de regulación genética similares a los de tortugas mucho más jóvenes.

Los científicos compararon su epigenoma con el de otros cuatro ejemplares de su misma especie, de diferentes edades. Descubrieron que, en ciertas regiones vinculadas a la longevidad, Jonathan presentaba un nivel de desorden epigenético inferior al de casi todos los animales analizados, con la excepción de una tortuga de apenas cinco años.

Este hallazgo sugiere que algunos mecanismos celulares del centenario animal podrían haberse conservado en un estado relativamente juvenil, a pesar de su avanzada edad.

Además, los investigadores identificaron 287 genes con variantes exclusivas de Jonathan, algunos de ellos relacionados con la reparación del ADN y la prevención de tumores. También descubrieron que posee copias adicionales de un gen asociado a una proteína que interviene en la eliminación de células envejecidas y cancerosas.

Estos mecanismos podrían contribuir a explicar su extraordinaria resistencia al paso del tiempo.

¿Podría ayudar a los seres humanos a vivir más años?

Aunque los resultados son prometedores, los científicos todavía deben determinar hasta qué punto estas características genéticas contribuyen directamente a la longevidad de Jonathan.

El estudio abre nuevas vías de investigación sobre los procesos biológicos que permiten a determinados animales vivir durante periodos excepcionalmente largos. Comprender estos mecanismos podría ayudar en el futuro a desarrollar estrategias para combatir enfermedades relacionadas con el envejecimiento y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

Sin embargo, los investigadores no han demostrado que los mismos mecanismos puedan reproducirse en humanos ni que permitan prolongar nuestra esperanza de vida.

Un gigante amable que ha sobrevivido a casi dos siglos de historia

Más allá de su interés científico, Jonathan también destaca por su personalidad. Según su veterinario, Joe Hollins, cuando era más joven era especialmente travieso: volcaba sillas y se tumbaba sobre las bolas utilizadas en las partidas de croquet.

Con el paso de los años, las cataratas lo han dejado prácticamente ciego, aunque continúa recibiendo cuidados en su residencia de Santa Elena. Su veterinario lo describe actualmente como un «gigante gentil».

Mientras la ciencia intenta descifrar los secretos de su organismo, Jonathan sigue siendo un ejemplo excepcional de longevidad en el reino animal. Su historia podría aportar pistas valiosas sobre uno de los grandes desafíos de la medicina moderna: comprender cómo envejecemos y cómo podemos vivir más años con mejor salud.


More from Lifestyle Más de Estilo de Vida

Stay connected to Brickell Mantente conectado con Brickell

Weekly highlights delivered in English and Spanish. Destacados semanales en inglés y español.